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"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información".

Rodolfo Walsh, ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), 1976

18 de septiembre de 2010

El continuum del impulso hacia la autodeterminación


Por: John Holloway

El impulso hacia la autodeterminación contiene una crítica a la representación; un moverse en – contra – y – más – allá de la representación. La representación incluye definición, exclusión, separación. Definición porque el representante y el representado deberán ser definidos, tanto como deberá ser definido el tiempo durante el cual el representante actúa en nombre del representado. Exclusión, porque toda definición excluye, pero también porque existen muchos elementos de la vida cotidiana (amor, ternura) que son difíciles de representar. Exclusión también porque al elegir un representante nos estamos excluyendo a nosotros mismos. En las elecciones elegimos a alguien para que hable por nosotros, para que ocupe nuestro lugar. Establecemos una separación entre aquellos que representan y quienes son representados y la congelamos en el tiempo, establecemos una duración, nos excluimos como sujetos hasta tener una oportunidad de confirmar la separación en las próximas elecciones. Se crea un mundo de políticos separados de la vida cotidiana de la sociedad, un mundo de la política habitado por una casta separada de políticos que hablan su propio idioma y tienen su lógica propia, la lógica del poder. No quiere decir que se encuentren totalmente separados de la sociedad y sus antagonismos, porque tienen que preocuparse por las próximas elecciones, las encuestas de opinión y grupos de presión organizados, pero ven y escuchan sólo lo que se traduce a su mundo, su idioma, su lógica. Al mismo tiempo, surge un mundo paralelo, teórico, académico que refleja esa escisión entre la política y la sociedad, el mundo de la ciencia política y el periodismo político que nos enseña el lenguaje peculiar y la lógica de los políticos y nos ayuda a ver el mundo a través de sus ojos ciegos.

La representación es parte del proceso general de separación que es el capitalismo. Es un error pensar que un gobierno representativo es un desafío a las reglas del capitalismo o hasta un potencial desafío al capital. La democracia participativa no se opone al capital: es más bien una extensión del mismo, proyecta el principio de la dominación capitalista dentro de nuestra oposición al capital. La representación se construye sobre la atomización de los individuos (y la fetichización de tiempo y espacio) que es impuesta por el capital. La representación separa a los representantes de los representados, a los conductores de los conducidos e impone estructuras jerárquicas. La izquierda acusa siempre a los líderes – los representantes – de tradición: pero no hay tradición, o más bien, la tradición no es un acto de los líderes, sino que se está entroncada en el proceso mismo de la representación. Nos traicionamos a nosotros mismos cuando le decimos a alguien: << ocupa mi lugar, habla por mí >>. El impulso a la autodeterminación es necesariamente antisustitucional. La autodeterminación es incompatible con decir: <>. La autodeterminación significa asumir la responsabilidad de la propia participación en la determinación del hacer social.

El rechazo de la representación significa también el rechazo de los liderazgos, de la verticalidad. El asumir la responsabilidad comporta un movimiento hacia la horizontalidad en las formas de organización. Está claro que dichas formas horizontales no garantizan necesariamente la participación igualitaria de todos los que participan en el movimiento: más bien puede servir de cobertura para lo opuesto, la informal toma de decisiones colectivas por parte de un pequeño grupo. No obstante, el impulso hacia la autodeterminación conlleva la sunción del respeto mutuo y la responsabilidad compartida como orientaciones organizativas. El respeto mutuo, la responsabilidad compartida y también la ignorancia compartida son parte del impulso a la autodeterminación, hacia la creación de una sociedad basada en el mutuo reconocimiento de la dignidad, es decir, necesariamente un proceso de búsqueda y de interrogantes. Esto lleva en sí una relación basada en el escuchar más que el hablar o, más bien, una relación de escuchar-hablando, más de diálogo que de monólogo. En una relación de este tipo, nadie puede presumir que tiene la respuesta: la resolución de los problemas es un objetivo común, un movimiento a través de las preguntas y el desarrollo de esas preguntas. <> llega a ser un principio de organización y esto significa el rechazo de las estructuras verticales que inhiben la expresión y la discusión de preguntas y dudas. El movimiento es siempre un movimiento hacia fuera, un movimiento hacia lo desconocido.

Decir que la democracia representativa no es un modelo apropiado para el impulso hacia la autodeterminación no significa, por supuesto, que la democracia directa no tenga sus problemas. Existe el argumento clásico de que la democracia directa es adecuada solamente para las comunidades pequeñas: ¿cómo podrían incluirse millones de personas en una asamblea? Y, de poder llevarlo a cabo físicamente, ¿Qué significado tendría? Aun en una comunidad pequeña hay una cantidad de problemas prácticos relacionados con las personas que no pueden o no quieren participar activamente, y también con el peso desproporcionado que adquieren aquellos que son más activos y con mayores facilidades de expresión, etc.

Es posible que tales problemas sean inevitables en tanto que un sistema de democracia directa totalmente desarrollado presupondría la participación de seres humanos emancipados. Pero nosotros no somos (aún) sujetos emancipados: somos discapacitados ayudándonos unos a otros a caminar y, con frecuencia, nos caemos. Sin duda hay quienes pueden caminar mejor que otros: en ese sentido la existencia de lo que a veces suele llamarse <> no podría evitarse (cf. Seibert, 2001). El tema es si estos medios-discapacitados marchan adelante – como vanguardia – dejándonos al resto arrastrándonos en el piso y diciéndose <> (aunque sabemos que no lo harán) o si, por lo contrario, se mueven al paso, ayudando a los más lentos.

Es probable que la democracia directa no pueda ser pensada como un modelo o un grupo fijo de reglas, sino más bien como una orientación una lucha sin fin para destilar el impulso a la autodeterminación colectiva que existe en todos y cada uno de nosotros. En los casos en que hay que tomar decisiones que van más allá del ámbito de una asamblea en particular, entonces, la respuesta clásica de la democracia directa o asamblearia no es la representación, sino la delegación, la insistencia en que el delegado debe ser inmediatamente responsable ante quienes lo han elegido como tal sobre ese tema: el <> de los zapatistas. Siempre existe el peligro de la institucionalización de tales delegados, de que en la práctica se conviertan en representantes que tomen el lugar que aquellos que los han elegido, que su existencia como delegados se separe de su constitución como tales. Ciertamente, hay reglas (o las prácticas establecidas aceptadas) para prevenir que esto suceda, tales como los informes que se deberán presentar, la rotación de delegados y similares. Pero el centro del tema es el proceso de autoemancipación colectiva, la práctica de una activa participación en la determinación comunitaria del fluir social del hacer. Éstos son los problemas con los que tantos grupos en todo el mundo están lidiando en lo que sólo puede ser un proceso de experimentación e invención.

No puede haber un modelo organizacional ni reglas, precisamente porque el impulso hacia la autodeterminación es el movimiento de una interrogación. Lo importante no es el detalle, sino el empuje del movimiento: contra la separación y la sustitución, hacia el fortalecimiento del entretejido de la comunidad, saliendo hacia lo desconocido. ¿Qué otra cosas podemos hacer más que seguir la estrella utópica: el sueño de un mundo humano compuesto de proyecciones en-contra-y-más-allá del mundo inhumano en el que estamos viviendo?

El impulso hacia la autodeterminación no es específico de una organización o de un tipo particular de organización. Es un continuum que se extiende desde el ayudar a alguien a hacer algo o a cocinar una comida para los amigos, a través de una infinidad de proyectos sociales y políticos que se proponen crear un mundo mejor, hasta formas de rebelión más desarrolladas como los soviets de Rusia o las asambleas barriales de Argentina o las comunidades zapatistas de Chiapas. A pesar de todas las discontinuidades y diferencia, todos forman parte del mismo movimiento, del mismo ímpetu hacia la autodeterminación, del mismo impulso para crear un mundo de relaciones no mercantilizadas, un mundo que no esté regido por el dinero, sino constituido por amor, camaradería y la directa confrontación con los problemas del vivir y el morir.

Nota: Extracto tomado del libro Contra y más allá del capital.

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