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"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información".

Rodolfo Walsh, ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), 1976

17 de julio de 2009

Una Estancia irrespeta a los artistas/ Israel Colina

Crítica constructiva para “vacas sagradas”

En Altamira, la casa cultural muestra una programación incesante. En Sabana Grande extienden su “brazo” para promover agrupaciones musicales venezolanas. Lo que nadie sabe es que en el mar de contradicciones del proceso bolivariano –lo cual es entendible-y el desorden de la industria petrolera –lo cual es inadmisible- que lo sustenta, también navega el irrespeto institucional hacia los artistas. Como son nacionales estos músicos, defensores del acervo popular y cobran en bolívares, se les demora cual pensión de la IV República , el pago de sus honorarios profesionales, que son tabulados e impuestos por una “Estancia” que “no tiene recursos” –en su discurso para excusar las tardanzas- al tiempo que pagan y pagan avisos de prensa, programas de radio y publicidades en televisión para ufanarse de la rentabilidad de la empresa, con sus capitales activos, pasivos, la generación de empleos, la nacionalización de contratistas, el acuñamiento de voraces y camaleónicas cooperativas y una imagen a la que saben, se le ven las costuras.



Rememoro todo, porque vengo de una familia que ha trabajado en esa industria desde mi bisabuelo, abuelos, mi padre y tíos, desde cuando la visión corporativista y entreguista de la estatal petrolera, en medio de esa atmósfera, daba signos de funcionalidad, de rigor y disciplina institucional, de un personal que evitaba la mediocridad a costa de lo que fuera –aún siendo en su mayoría, espiritual y hasta ideológicamente mediocre-. Eso se percibía, aunque entonces fuésemos unos niños o adolescentes. Lo que uno no alcanza a entender es cómo en un marco suprademocrático, avalado por una constitución innovadora y la necesidad de refundación de una institucionalidad consustanciada con el Pueblo, la diletancia y la burocracia, se encumbre como una hiedra en su cuerpo y no la deje maniobrar al ritmo de la Revolución Socialista Bolivariana.

El Presidente Chávez insisto, es quien lidera y marca un ritmo revolucionario de grandes trancos o alcances socioeconómicos y culturales inestimables, que está siendo retrasado por la burocracia inorgánica, la que no contesta cartas ni teléfonos, la que maquilla cifras en contratos milmillonarios y la utilización a conveniencia de organizaciones sindicales dignas que parecen volverse genuflexas ante desmanes institucionales que atentan deliciosamente contra sus derechos con nuevos bozales de arepa. “El cuento del gallo pelón”. El trabajador debe ser disciplinado, responsable y conciente de su papel histórico y no por ello, acrítico y mucho menos, institucionalizarse, volverse sombra de la empresa, cuando esencialmente es su luz. La clase trabajadora no debe ser usada de manera maniquea para esgrimir un discurso socialista y manipulada para convalidar tropelías capitalistas en un economía de mercado que aún no es enteramente mixta y se rige por las fluctuaciones del dólar.

-Aló, señor administrador: Mire, le llamo desde la provincia para que me informe acerca del estatus del pago de la presentación del 17 de abril. Ya hace un mes de la cosa. –Señor artista, no encontramos la factura. Llame mañana. –Está bien. Recuerde que hace un mes se la dejé al señor Guinda. Entiendo que llamaron al señor Guinda y al mes la sacó de su escritorio gracias al recordatorio del artista provinciano. –Señor artista, le habla el administrador estanciero. Ya conseguimos la factura. Empezaremos a tramitar su pago-. –Muchas gracias. Pasan dos meses y al artista lo invitan a ir a otra “Estancia” en otra provincia. El artista pasa el presupuesto con tres mil menos de los que había pedido en marzo de honorarios profesionales para los cuatro músicos, que fueron aminorados a ocho en total, que incluía boletos aéreos, hospedaje, alimentación y honorarios. –Mire señor artista, aquí cada músico cobra mil. Todos cobran iguales-. La falacia retumbó en mi oído por cuanto sé que nadie cobra igual, salvo los que a ellos les da la gana o los que pertenecen a la rosca de siempre, la mismita rosca que no descansa en su programación y le pagan “puntualmente”.

-Aló de nuevo señor administrador. Es el artista provinciano. Mire: ¿Cómo va lo del pago? -Señor artista, el pago aún no sale. Ese es un depósito que se le hace directamente a su cuenta ya que usted entregó todos los recaudos administrativos a tiempo. –Bueno, ya hacen dos meses y el único que llama por teléfono y escribe por internet soy yo. –Disculpe señor artista, de administración principal todavía no me han enviado nada. –Supongo que esa gente está muy ocupada, cuadrando el pago de la nómina de la empresa. Yo volveré a llamar. Les agradezco que cuando sepan algo me informen. –Sí, como no señor artista. Y el cuento siguió y pasó otro mes. Al artista programado para julio le adeudan abril, pero con la inflación y los desmanes de la demora, decide cobrar lo justo, lo del primer y real presupuesto, ahora con cinco músicos.

-Y a usted le parece justo señor artista, cobrar más de lo que establecen nuestros sacrosantos y pétreos tabuladores de lo que le pagamos por abril. –Le recuerdo señora programadora que abril no lo han pagado y que ustedes no deberían ponerle precio al trabajo de los artistas, porque ellos viven de eso y no hay sindicato, ni ley ni cesta ticket que los ampare. – ¿O sea, que usted no quiere trabajar más con nosotros? – Bajo esas condiciones no. No voy a convalidar ningún desmán ni mediocridad de ningún estamento del Estado. La programadora se lo preguntaba al artista, porque en diez años de estancia revolucionaria, sólo había tocado una vez bajo sus auspicios que aún no se materializan y a partir de julio, parecía que le tenían una “gira nacional e internacional preparada”. Algo que es más que imposible. Si en 3650 días (10 años) el artista había sido contratado por un día, el artista debía soñar que con ese favor de contratarlo estaba más que hecho. Ese contrato por ocho mil para cuatro y cinco músicos era una bicoca. ¿Con ofertas de esas y pagos puntuales, quién se pone a pensar en trabajo para diez años? Falta de respeto y mediocridad se juntan para mancillar a los artistas. Este no es un punto de vista unipersonal, otros artistas hablan de lo mismo, pero no lo escriben, no lo dicen, se lo callan, se lo calan.

Le recuerdo a los asalariados que el artista vive de lo que hace y el funcionario público, de lo que no hace. El artista se labra el pan de cada día a fuerza de talento y el funcionario, de todo cuanto adolece y cesta tickets. El artista no cobra quince y último, lo de él es dar todos los días. El funcionario sueña con la jubilación, el artista con la trascendencia de la obra. El funcionario suele no funcionar, mientras el artista crea hasta dormido. El artista no irrespeta hasta que el funcionario lo hace. Lo más fácil de un funcionario es jactarse de hacer bien su trabajo y sentirse orgulloso por ello, echándole la culpa de lo malo a otro; mientras que sobre el artista y su obra recae toda la responsabilidad. A veces el artista sin darse cuenta, vive de la plusvalía que le enmaraña el funcionario, pero el funcionario es quien cobra al día, el artista en cambio, cuando la institución disponga. Si eso es en democracia, no me lo quiero imaginar en dictadura. Si eso es revolución, envíen el nuevo concepto de la palabra a la Real Academia de la lengua Española para que lo discutamos y resemanticemos este proceso o… ¿Será que hay muchas maneras de dar golpes petroleros o sabotear a la industria? –“Misterios de la ciencia”-.

Israel Colina

israelcolina@yahoo.es

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mordaz! y muy serio! Excelente artículo.