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"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información".

Rodolfo Walsh, ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), 1976

22 de julio de 2009

¿Hasta cuando el maltrato y la indolecia contra pacientes indígenas?/ Maria Peña

Expreso por este medio el dolor y la impotencia que he experimentado siendo testigo de la atención de médicos ante el padecimiento de pacientes pobres e indígenas. Denuncio la institucionalización de la indolencia, el despotismo, el maltrato y la impune violación de los derechos de las y los pacientes en las instituciones de salud, principalmente públicas. La necesidad de que un medico atienda un determinado caso, se convierte en el salvoconducto de éste para maltratar al paciente.

Recuerdo, diciembre 29 de 2008, en el sótano del Hospital Clínico Universitario, un médico, gritándole a Mirian Abu Sapatoda, paciente indígena Barí con cáncer en el útero. Su trato era de desprecio, de asco, de rabia. Recuerdo cuando al fin luego de un mes para que la examinaran, éste doctor la acostó en la camilla, piernas abiertas, y luego de unos minutos, su expresión de asco. Delante de Abu Sapatoda, este doctor gritó “esta mujer esta podrida por dentro, ese olor putrefacto, así nada se puede hacer”. No le importó que Abu estuviera allí tendida, escuchando el diagnostico de este doctor. Algo parecido pasó con una doctora hematóloga, estábamos en la búsqueda de la sangre para Abu, ubicando a donantes, bolsas de sangre por aquí, por allá. Al fin cuando logramos reunir las tres bolsas requeridas para la segunda transfusión, aparece la jefa, lentes Gucci, cabello secado, uñas perfectas, zapatos puntiagudos y ese acento…ese acento, osea… “Esta sangre para quien es…, preguntó. “No es compatible para la paciente, por que no están sus familiares aquí donándole sangre?, es que acaso no saben que tiene que ser así?, esta sangre no sirve ok, no sirve, y usted señora llame a sus hijos para que le donen sangre!”. Mientras esta doctora nos formaba el peo, las lagrimas de Abu Sapatoda, su silencio, su cansancio y la verdad oculta… cómo hacerle entender a esa doctora que los hijos de Abu han pasado mínimo por dos hepatitis, que están en la Sierra de Perijá, que el hambre y la desnutrición, los parásitos, las infecciones les hace casi imposible ser donantes…Mirian Abu Sapatoda murió finalmente de un cáncer de útero, como seguirán muriendo más mujeres indígenas, con cáncer, tumores, hernias, miomas, todo esto, pudiendo ser detectado si se considera la atención integral preventiva, mas allá de jornadas de un día, de esas rapiditas que solo sirven para llenar la hoja de estadística de los informes médicos para tal o cual ministerio.

Ahora, el caso de dos hermanitos yukuanas. La operación de la hernia, varias veces rodada.Una madre sola desde Maripa, estado Bolívar con sus dos hijos al hombro, con la única muda de ropa, la que tiene encima, dos semanas ya durmiendo en un colchón pequeño debajo de la cama de sus hijos en la sala general. El trato, vuelvo con el trato de un doctor, engreído, soberbio, insensible. Largas horas en ayunas para la operación de un niño de dos años, de ocho a cuatro pm. A esa hora aparece el médico, “bueno la operación ha sido rodada hasta nuevo aviso”. El bebe llorando de hambre, y el doctor, bata blanca impecable, mirada fría , dio media vuelta y se fue. Denuncio el trato denigrante de estos médicos, graduados en universidades públicas, y pasando por el hospital solo por la obligación de terminar su carrea, locos y locas por irse a una clínica privada en donde su trato con los pacientes de seguro será diferente, por razones obvias, hartos y hartas de estar viendo a los pobres. Les veo su cara de asco, doctores clasistas, sus batas con sus nombrecitos bordados, sus egos tan grandes, tan cínicamente presentes.

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